12 de mayo de 2010

Lucía Rossi: un análisis

Dos adolescentes, identificadas como Lucía Rossi y Alejandra López Zelarayán, protagonizaron una riña a la salida del boliche Roof, durante la madrugada del pasado domingo 2 de mayo. Este acontecimiento -crucial para las participantes pero rutinario para la policía y trivial para el resto de la sociedad- adquirió una ridícula repercusión cuando apareció en la prensa local.

Redes sociales

Tras la golpiza, la visita al hospital, la denuncia y toda la cadena de eventos habituales en una situación de este tipo apareció un grupo en Facebook en el que un conjunto de personas se solidarizaban con Lucía Rossi, la muchacha que se llevó la peor parte en el conflicto. Esto, de algún modo, devino noticia para los diarios digitales, quienes escribieron artículos en sus respectivos portales y así aparecieron radios y canales de televisión interesados en cubrir el Caso Rossi, buscando la voz de la damnificada, de su familia y/o de su abogado. Entonces, puesto que el tema se ramificó desde una semilla en la Internet, no es exagerado decir que el catalizador en esta historia es Facebook.
Facebook es la red social más popular en Argentina. Su éxito se debe, principalmente, a la publicidad que permanentemente en la prensa tradicional y en la prensa digital realizan para instalar a dicha red social en el imaginario cultural de la nación. Así casi a diario se publican toda clase de tonterías en las que Facebook está involucrado (como “Argentina y la felicidad según Facebook”, Por su perfil en Facebook, detienen a un hombre con pedido de captura internacional”,El boliche 'Amnesia' se defendió a través de Facebook sin brindar todavía una versión oficial de los hechos”, “Una convocatoria en Facebook”, etc); orkut es también una red social muy grande a nivel mundial, que todo el tiempo genera noticias similares a las de Facebook, pero nunca las leemos en la prensa argentina. La publicidad que vende a Facebook, claro, no es gratuita, pero los representantes locales de la empresa sólo invierten en los medios más poderosos, ya que estos marcan la agenda de discusión y los demás reciben y expanden sus temáticas por eco.  
Ahora bien, hay que recordar que lo característico de la Internet es que ésta es abierta (tiene, en general, pocas barreras de acceso, y la mayor parte de sus contenidos son gratuitos), controlada por los usuarios (los internautas, casi siempre, pueden entrar y salir de diversos sitios o revisar contenidos todas las veces que quieran y en el momento en que lo quieran) y descentralizada (si bien hay puntos más fijos que otros de concentración del tráfico, la mayor parte de los sitios suelen ser visitados –con suerte– no más que una sola vez por el mismo internauta). Esta apertura, descentralización y capacidad autogestiva es un atractivo para los internautas curiosos y activos, pero es un obstáculo y un motivo de rechazo del servicio para los usuarios pasivos. Cualquier encuesta sobre el uso de Internet demostrará que el segundo grupo es muchísimo más amplio que el primero.
En ese escenario Facebook, Netlog, Hi5, Sónico y todas las demás redes sociales en general –con la intención de generar un gigantesco campo para hacer estudios de mercado y personalizar con ello la publicidad–, vienen a darles a muchos internautas pasivos un punto fijo en lo que parece ser un mar de información. Las redes sociales son las islas privadas donde uno se siente a gusto en medio del océano. Esa es la causa por la que mucha gente que utilizaba durante muy pocas horas diarias la Internet, ahora es prácticamente imposible desenchufarla.
Estas aclaraciones sobre Facebook son necesarias puesto que en el Caso Rossi las redes sociales fueron más importantes que el hecho en si mismo.

Dinámica de la frivolidad, o la prensa según una lógica comercial
   
La prensa está obligada a ofrecer información. Esta puede ser novedosa o no, de inmediata obsoletización o no, positiva o no, pero tiene que estar. La prensa (ya sean los diarios, las radios o la televisión) ofrece información, todos los días, sin excepción; tal superabundancia genera una frivolización sobre lo que se transmite: si la información no excita, no impacta y no atrae, entonces sirve comercialmente menos que una que si lo hace.
Hay muchas maneras de que la información impacte, pero siempre es más sencillo utilizar fórmulas ya probadas. En el Caso Rossi así sucedió. La historia impactaba por el nivel socioeconómico de las protagonistas (generalmente no se espera encontrar ese tipo de comportamiento en gente con su educación, sus modales y sus patrimonios, es decir, en gente con una particular concepción de la vida privada que es un tanto distinta a la de la gente de otro nivel socioeconómico). Ante el anoticiamiento del suceso, la prensa obró con la mayor velocidad posible –dejando atrás el hecho periodístico básico de escuchar todas las campanas involucradas antes de publicar una noticia– y sacó a la luz la historia, en la que una “pobre” muchacha era víctima de la “envidia” de su agresora. Se llegó al extremo de sugerir que Rossi había sido agredida sólo por ser linda. Nunca se ocuparon de revisar toda la historia detrás de la agresión, simplemente consideraron a Rossi y López Zelarayán como dos personas de un determinado nivel socioeconómico que se comportaban como el de otro, y ello era motivo suficiente para introducir en la esfera del debate público a un hecho de trascendencia privada. La noticia solamente buscó escandalizar al público, apelando al sentido moral tradicional de las personas.
La prensa tiende a eso. Esperan que la información llegue desde algún lado (rara vez la van a buscar) y calculan el riesgo para si mismos de publicarla. Si la información es barata, inocua para el medio que la publica y escandalosa, entonces sale con la rapidez de un cohete.

El analfabetismo digital de Tucumán

El Caso Rossi demuestra que la Internet en la sociedad tucumana es ampliamente utilizada pero está mínimamente asimilada. Y ello es porque la reacción no fue la esperada.
Es decir ante un evento de estas características los internautas no actuaron como normalmente se esperaría que lo hicieran. Cuando la noticia apareció en los informativos digitales, hubo un grupo que compró la fruta podrida y sintió pena por la agresión, como también hubo otro grupo más crítico y sensato que entendió que la noticia ocultaba lagunas y espacios no del todo claros. Pronto la cuestión (en el fondo una irrelevante pelea más que involucraba a sólo dos personas) trató de ser desviada para introducir al bendito Facebook en la discusión; no faltó la madre anónima al borde del llanto que pidió que alguien pensara en los niños, y que exigió que el gobernador, el INADI, los diputados, la SIDE, la Gestapo y la KGB intervengan para controlar esa esfera de odio que es Facebook. Pero la cordura fue más fuerte, y la conclusión arribó: la violencia existe antes de Facebook y existirá después, probablemente sin la red social en el medio los acontecimientos hubiesen sido los mismos.
Ahora, a más de una semana del episodio, ya nadie neutral (esto es, que no es amigo, familiar, cholulo o White Knight de alguna de las dos involucradas) tolera seguir recibiendo información sobre el asunto. Se hicieron algunos chistes, se ironizó un poco el asunto, pero no hubo un movimiento de contrareacción.
La Internet genera sus propios códigos. Estos no se vieron en el Caso Rossi. Existe el concepto capitalista de “prosumidor”, en el cual cada consumidor -de algún modo- contribuye activamente a moldear aquello que consume. Dentro de este concepto está comprendido el movimiento negativo, es decir, cuando a un consumidor no le gusta lo que le venden, está en su derecho a destruirlo. En el espacio de la Internet este movimiento se manifiesta a través del trolling, que –apelando a “la crueldad y a la maldad” que habita en el corazón del hombre– busca rechazar o destruir aquello que no quiere consumir. El trolling es positivo siempre y cuando se haga bajo animus jocandi, animus narrandi, animus defendendi, animus retorquendi, animus consulendi y/o animus corrigendi, y está justificado por lo que Aristóteles llamaba epikhairekakia.
La ausencia de un buen ejército de trolls operando contra el Caso Rossi sólo pone en evidencia que Tucumán está aún muy lejos de la inclusión cultural del la Internet (pese a que día a día crezca el número de familias que instalan banda ancha en su casa).  

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buen análisis de la manera en que se desenvuelven los medios y lo que hacen y hacemos como sociedad con facebook